El dilema de los CIOs (y CEOs)
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El dilema de los CIOs (y CEOs)

El coste del software no desapareció. Simplemente cambió de sitio. La IA ha democratizado el desarrollo de software, pero no su mantenimiento. Al construir internamente, muchas empresas descubren que el verdadero coste reaparece en IT, sin la economía de escala de un proveedor SaaS.

Hace unos días, hablando con varios CIOs, me di cuenta de que casi todos compartían el mismo entusiasmo.

“Con la IA ahora podemos desarrollar nuestras propias aplicaciones.”

Y tienen razón. Nunca había sido tan sencillo convertir una idea en una aplicación funcional. Lo que hace apenas dos años requería meses de trabajo y un equipo de desarrollo, hoy puede estar funcionando en cuestión de días gracias a herramientas como Claude, Cursor, Copilot o ChatGPT. Hasta aquí, todo bien.

Mientras les escuchaba, me vino a la cabeza una conversación que creo que muchos CIOs tendrán dentro de un año. No será con su equipo ni con el proveedor de turno. Será con el CEO.

Llegarán con una aplicación funcionando, usuarios satisfechos y la sensación de haber tomado una buena decisión. Al fin y al cabo, han dejado de pagar una licencia anual y han demostrado que, gracias a la IA, son capaces de desarrollar internamente aquello que antes compraban fuera.

Y ahí empezará la verdadera conversación.

Porque, una vez que la aplicación entra en producción, empieza una etapa de la que casi nadie habla cuando se hace el business case. Aparecen las incidencias, cambian las necesidades del negocio, evolucionan las integraciones, se publican nuevas versiones de las librerías, se consumen tokens, hay costes de infraestructura y, casi sin darse cuenta, el equipo deja de dedicar tiempo a construir para empezar a dedicarlo a mantener.

Y es entonces cuando el ahorro inicial empieza a diluirse.

No porque la IA haya dejado de ser útil. Al contrario. La IA habrá cumplido exactamente lo que prometía: reducir de forma drástica el coste de desarrollar software. Lo que ocurre es que el desarrollo solo representa una parte del problema. La otra, la que acompaña a cualquier aplicación durante toda su vida útil, sigue estando ahí.

Durante años hemos pensado que una licencia SaaS era cara. En realidad, muchas veces era sorprendentemente barata. No porque desarrollar ese software costara poco, sino porque el coste de mantenerlo se repartía entre cientos o miles de clientes.

Esa es la gran ventaja de la economía de escala. Un proveedor desarrolla una funcionalidad una vez, corrige un error una vez, adapta una integración una vez… y ese esfuerzo beneficia a todos sus clientes.

Cuando una empresa decide desarrollar esa misma aplicación para uso interno, esa economía de escala desaparece.

A partir de ese momento, cada incidencia, cada nueva funcionalidad, cada actualización de seguridad y cada cambio solicitado por el negocio recaen sobre un único departamento de IT.

Y ese es el coste que rara vez aparece en la hoja de cálculo cuando se decide desarrollar una aplicación en lugar de comprarla.

No creo que esto sea un argumento para dejar de utilizar IA. Sería absurdo. Estamos viviendo el mayor salto en productividad del desarrollo de software que hemos visto en décadas y las empresas que sepan aprovecharlo tendrán una ventaja competitiva enorme.

Lo que sí creo es que, antes de sustituir una licencia SaaS por una aplicación desarrollada internamente, merece la pena hacerse una pregunta más importante que “¿podemos construirla?”.

La pregunta es:

¿Queremos mantenerla durante los próximos diez años?

Porque sospecho que, dentro de no mucho, muchos CIOs volverán al despacho del CEO.

  • ¿Recuerdas aquella aplicación que desarrollamos con IA?
    • Claro.
  • Necesitamos contratar dos personas más.

No porque el proyecto haya salido mal. Precisamente porque ha salido bien. Porque ahora forma parte del negocio. Y alguien tiene que mantenerlo. Ese día muchas empresas descubrirán que el coste del software nunca desapareció.

Simplemente cambió de sitio.

El CEO de Mind

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